Casi nunca nos preguntamos de qué manera la comida afecta a nuestros estados de ánimo.En realidad, la alimentación influye significativamente en el humor y la energía que tenemos. Lejos de ser algo mágico, una oferta pobre de determinados nutrientes, si se produce en forma reiterada, puede interferir en la producción y actividad de las células nerviosas —neurotransmisores—. Son precisamente ellas las encargadas de regular las emociones, el hambre, el buen humor y hasta el comportamiento. Por eso, los alimentos ricos en proteínas, como carnes y leche, colaboran para que los famosos neurotransmisores se mantengas activados. Lo mismo sucede con el germen de trigo y la yema de huevo. En cuanto a las vitaminas, las del grupo B y la C, sumado a minerales como el hierro y el magnesio colaboran en la producción de estas células nerviosas. ¿Cómo lograr una alimentación balanceada y energética? En principio, desayunando con cereales, una fruta fresca y leche o cualquier producto lácteo, un yogur o un pedacito de queso. Así, estará de mejor ánimo y mantendrá al cansancio lejos por más tiempo. También es importante no pasar hambre. Es mejor mantener un ritmo de cinco o seis comidas pequeñas antes que reservarse todo el hambre para la cena. Tome más agua y evite el consumo excesivo de dulces o bebidas excitantes como la cafeína. Con estos cambios en sus costumbres, notará los beneficios rápidamente.
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